Estoy a la sombra junto a la orilla de un bonito río salvaje. Estoy desnuda. Es un lugar apartado donde algunos hombres desnudos pasean libremente, y a veces también algunas mujeres. Oigo pasos en la grava de la orilla y veo aparecer a un joven, de unos 25 años. Me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa. Pasa junto a mí, claramente buscando un lugar con sombra para dejar la toalla y sus cosas. Parece tranquilo y amable, un poco regordete, lo cual no me importa, y lleva tanga, que me gusta mucho... Duda unos metros delante de mí y finalmente deja su pequeño bolso a la sombra de un arbusto. Lo observo distraídamente desde atrás. Se agacha para extender la toalla, y la imagen del tanga desapareciendo entre sus redondeadas nalgas no me deja indiferente. Siento el comienzo del deseo agitándose entre mis muslos, y mis dedos se deslizan discretamente por mi glande. Mi vecino se tumba boca abajo y mira a su alrededor. Nos miramos de nuevo y sonreímos. Obviamente ha notado que mi erección ha crecido. Eso es lo que me encanta del nudismo, los hombres no podemos fingir. Cuando estás de humor, se nota... No me muevo; no me gusta ser una molestia. Me doy la vuelta y también me tumbo boca abajo, con las piernas bien abiertas bajo el sol de la mañana. Finalmente me duermo. Cuando me despierto, mi vecino está sentado en su toalla, mirando su teléfono. Me levanto y camino hasta la orilla del río, donde me detengo a tomar el sol. Después de unos momentos, oigo pasos sobre las piedras, y mi joven vecino se une a mí en la orilla del agua. Nos saludamos e intercambiamos algunas bromas; es agradable. Lo miro de reojo y siento que mi erección vuelve a crecer. Casualmente, me acaricio la cabeza del pene. Lo veo mirándome de reojo, pero no hace nada, o quizá no se atreve. Vuelvo a sentarme en mi toalla para ponerme protector solar. Al verlo, mi vecino se acerca y me pregunta si puedo ponerle un poco también en la espalda. Me levanto y empiezo a aplicárselo en los hombros, luego en la espalda, luego en la zona lumbar… luego pongo crema en la palma de la mano y empiezo a aplicarla en sus nalgas. Son redondas y suaves, y no puedo evitar quedarme ahí y masajearlas sensualmente, deslizando la mano bajo las tiras de su tanga y, de vez en cuando, casi sin querer, dejando que un dedo se deslice por su hendidura. Obedientemente se somete al ejercicio, lo que no parece disgustarle. Siento que mi polla se pone dura una y ...
... Entre para leer el final de esta historia erótica | inscripcion 100% gratuita
Este sitio está dirigido a pública MAYOR. Contiene imágenes y texto sexualmente explícito que puede ofender a algunas personas sensibilidades. Salir del sitio si es menor de edad GRACIAS.
U.S.C. 2257 Record Keeping Requirements Compliance Statement
Sí, tengo mas de 18 anos ! No, soy menor de edad

